El precio del oro retrocedió este lunes, afectado por un entorno financiero cada vez más adverso para los activos refugio, tras el fracaso de las recientes negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
Aunque el metal precioso suele beneficiarse en contextos de incertidumbre, en esta ocasión el fortalecimiento del dólar y el repunte de los precios del petróleo terminaron pesando más en el mercado. La caída se produjo luego de que el oro alcanzara mínimos semanales, llegando a descender más de 2% antes de moderar sus pérdidas.
El aumento del crudo —impulsado por el riesgo de interrupciones en el suministro energético— ha reavivado los temores inflacionarios, lo que a su vez reduce las expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. Este escenario tiende a fortalecer al dólar, encareciendo el oro para inversores internacionales y disminuyendo su atractivo.
Además, el contexto geopolítico sigue generando volatilidad: la falta de avances en las conversaciones ha intensificado la incertidumbre en los mercados, pero no lo suficiente como para sostener el impulso del oro frente a otros factores macroeconómicos más determinantes.
En este escenario, el metal precioso enfrenta una presión mixta: por un lado, mantiene su rol tradicional como refugio, pero por otro, pierde terreno frente a un dólar fuerte y expectativas de tasas de interés más altas.


